Saturday, August 06, 2005

Grande Jefferson! Grande Ecuador!


Decir que este hombre en solitario nos ha dado más alegría a los ecuatorianos que cualquier otra persona que ha representado a nuestro país, seria redundar. Pero si orgullo, alegría, esfuerzo y espíritu no son los “adjetivos” que califican las brillantes actuaciones de Jefferson Pérez en el mundo atlético, entonces me doy por vencido. Porque no encuentro otras palabras para describir los sentimientos que este hombre produce en el corazón de los ecuatorianos cada vez que pone en sus hombros la responsabilidad de representarnos y llevarnos con él, a la cima.

Jefferson Pérez, quién nació el 1 de julio de 1974 en El Vecino, un barrio tradicional de la ciudad de Cuenca en un hogar humilde. Él, quien creció en medio de necesidades con gran esfuerzo y un enorme corazón ha llegado a constituirse sin duda alguna en el mejor deportista de Ecuador.

Ya me imagino que muchos de ustedes dirán que cada oportunidad que un deportista obtiene algún logro lo subimos a los cielos y luego cuando no los consigue los enterramos; pero Jefferson Pérez es un caso aparte. Él puede darse el lujo de perder la competencia he igual estaremos orgullosos porque estaremos seguros que dejo su corazón y su vida en las calles por las cuales transita.

Claro ejemplo de esto fue cuando perdió en las últimas olimpiadas. Él nunca dejo de ser el gran Jefferson Pérez, el atleta que es reconocido, respetado y hace respetar el nombre de nuestro país como ningún otro alrededor del mundo.

Quiero compartir con ustedes algo que escribí hace casi un año. Para ser precisos el 20 de Agosto, del 2004, día en que Jefferson compitió en las olimpiadas de Atenas.


Si nos ponemos a pensar un poco, son muy pocas las veces en nuestra historia, en las que hemos podido decir frases similares acerca de un ecuatoriano. En este momento vienen a mi memoria contadas situaciones que han llenado mi corazón con tanto orgullo y emoción. Estos son, Andrés Gómez ganando Roland Garros en 1990, la Selección clasificando al Mundial de fútbol Corea-Japón 2002, el equipo de Copa Davis triunfando ante los ingleses en la catedral del tenis –Wimbledon, y clasificando al Grupo Mundial y por supuesto la heroica gesta en el Cenepa en el año 1995.

Pero hay un hombre que en solitario nos ha entregado muchísimas mas alegrías; su nombre, Jefferson Pérez. Es indescriptible el orgullo que este atleta me ha inspirado al ver en la televisión Americana su participación en los Juegos Olímpicos.

Es inexplicable la emoción al escuchar el nombre de Jefferson y de mi patria el Ecuador, al menos unas 50 veces en una hora y media de la transmisión de la competición. Desde el primer minuto mencionaron su nombre como el ÚNICO favorito, y hasta el último minuto lo mencionaron como el CAMPEÓN para el cual el cuarto puesto no era suficiente.

No dormí la noche anterior porque estaba casi 100% seguro que Jefferson ganaba una medalla y quería disfrutar ese triunfo de principio a fin. No pudo ser así, pero créanme que cada vez que observe a un ecuatoriano pisar el estadio de Atenas la emoción se apodero de mí.

Jefferson Pérez lo mejor del Ecuador!


El tiempo ha transcurrido, y el gran Jefferson ha vuelto al sitial al que siempre perteneció. Allá, en la cumbre del podio, donde muy pocos ecuatorianos han llegado y desde donde nos manda a todos el gran mensaje de que con esfuerzo, sacrificio y amor por las cosas que hacemos se puede llegar a la cima.

Grande Jefferson! Grande Ecuador!


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